Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

El asesinato del sacerdote

 

César Ramírez

@caralvasalvador

El jueves santo 29 de marzo de 2018, se cometió el ataque criminal que terminó con la vida del religioso Walter Osmir Vásquez.

El 12 de marzo de 1977 un acontecimiento muy parecido terminó con la vida de Rutilio Grande, al igual que Walter era sacerdote católico.

Entre uno y otro existe una diferencia de cuarenta y un años, a pesar de esa distancia, poseen factores recurrentes: el signo de la violencia, atentado contra la vida, la ventaja de los autores que esperan a la víctima desde sus tenebrosos reductos del mal.

El signo de la violencia ha cambiado en los últimos cuarenta años, pero en esencia es la misma que abraza el odio, intolerancia, irracionalidad, desprecio a la vida, apropiación indebida de bienes ajenos, extorsiones etc. ella oculta figuras políticas, narcotraficantes, delincuentes o terroristas.

Los autores son terroristas de ayer y ahora, unos amparados en el Estado autoritario y otros bajo el manto de leyes débiles acuñadas durante décadas, son el perfecto fermento de organismos delictivos para penetrar las instancias legales de la nación.

Es un precedente a veinte y seis años del Acuerdo de Paz que impide la reunificación de la nación; una nota de prensa del 04FEB018 informó que el Obispo de San Vicente participó en una concentración del partido ARENA, esa es la misma institución que realizó un pacto con las pandillas terroristas; es una historia conocida en ciencias sociales, el uso de organismos de presión armada que no se detendrá hasta que la clase política pague con su sangre el precio del pacto con el diablo.

El signo de la descomposición social es el irrespeto a las instituciones desarmadas, en este caso la Iglesia Católica la cual ha perdido uno de sus valiosos miembros, pero como muestra la historia quizás no será el último hasta que se denuncie toda acción terrorista, quizás repetimos la historia del siglo pasado, estos terroristas desean un pueblo desmoralizado, sin valores, sin educación y atemorizado… pero eso no sucederá, mientras existan instituciones que día a día se fortalecen por la justicia social.

La injusticia es visible en los pobres, los asesinados, los que sufren persecución, los extorsionados etc. pero el signo de la verdad lo encontramos en Rutilio Grande y Walter Vásquez… de ellos escribió Monseñor Romero: “Los pobres son los forjadores de nuestra historia” 11NOV979.

 

 

 

 

 

 

Dejar un comentario

Optional