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  • Nuevas leyes y más facultades al ejército

     

     



    Caralvá
    Los recientes informes de masacres en: Guatemala, México, El Salvador y Honduras nos dejan la incertidumbre de un complejo de situaciones que por momentos parecen estar fuera de control de las fuerzas institucionales.
    Las poblaciones económicamente activas en su desesperada búsqueda de la realización económica generacional, no detienen su flujo hacia Estados Unidos, al igual que el tráfico de drogas que se realiza de Sur a Norte, pero ahora existe una fuerza extraña que parece llegar de Norte a Sur, estas son poderosas bandas armadas que corrompen los débiles lazos de legalidad-justicia-gobernación y se apoderan de corredores estratégicos para sus acciones delictivas; es notable el aumento de homicidios en áreas rurales y puntos fronterizos, parece que estas bandas organizadas tienen prioridades en puntos específicos de mar y tierra, puesto que en esos sitios acontecen hallazgos de drogas , armas y tráfico de personas en volúmenes sorprendentes.
    Recientes noticias del involucramiento de personalidades en ilícitos de estupefacientes con nexos policiales y judiciales, nos recuerdan el esquema que han vivido ciudades de Colombia y México, con resultados dramáticos por las delicadas soluciones posibles, además del largo proceso de pacificación y violentos eventos donde no existen ganadores visibles. ¿Asistimos a un nuevo modelo social colmado de dinero sucio? Podríamos afirmar que vivimos ¿el narco-capitalismo? A lo mejor estas afirmaciones son exageradas y sin fundamento, pero no debemos engañarnos, la necesidad de una entidad regional con poderes supranacionales y capacidad de ayuda a gobiernos locales es urgente, porque nuestras instituciones no fueron diseñadas para una guerra especial del tipo que observamos a diario. No existe capacidad de respuesta - por el momento- al dinero sucio, ni a sus armas.
    Por esa razón en las calles de la ciudad se incrementa el comercio ilegal, el tráfico de estupefacientes, crímenes contra estudiantes, etc. Perdemos esta guerra. Necesitamos nuevas leyes, más facultades al ejército, restricciones legales a notorios delincuentes y la renovación de instituciones inoperantes. Cooperación internacional o formación de un nuevo gobierno trans-regional es mejor que lamentarnos a futuro.
    Nuevas leyes y facultades para la defensa de la democracia son ahora nuestro desafío, el dolor de tantas familias afectadas clama por la justicia.
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  • Desalojos de ventas callejeras en San Salvador

         

     



    Caralvá

    Los incidentes del pasado fin de semana, culminaron en vandalismo desatado contra el Teatro y Palacio Nacional.
    Los daños son incalculables, no solo por el daño físico sino por estos graves antecedentes contra la imagen del Centro Histórico.
    El origen de este acontecimiento es la ilegalidad de usurpar espacio públicos por personas particulares, esta acción se estableció hace 30 años, porque alguna alcaldía decidió convertir el Centro de San Salvador en pasajes peatonales, esta acción incongruente y absolutamente errónea con el paso del tiempo creó un problema mayor, debido al asentamiento ilegal de pequeños comerciantes que veían la oportunidad de posesionarse de espacio “libres” día tras día, así el crecimiento rápido no reconocía límites. Aquella decisión política en tiempos de guerra fue defendida para “ganar base social” contra la insurgencia de los años ochenta, las ingenuas autoridades de aquél tiempo pensaron que podrían ordenar y controlar aquella fuerza comercial dentro de su partido, no sabían que aquellas personas no eran políticos sino mercenarios comerciales sin ideología, aquellos iniciales comerciantes poco a poco se fueron transformando en mercaderes de extraños productos, desde imitaciones hasta verdaderas fuentes piratas de todo tipo, fueron creciendo con tal fuerza que los comercios lícitos poco a poco fueron estrangulados desde su base; cercado el acceso a sus clientes fueron sitiados por ventas ilegales, pero no contentos con ello, surgió una verdadera organización ilegal que vendía prácticamente sitios públicos legalmente… en otras palabras se creó y fomentó durante años un gobierno comercial paralelo a la administración municipal, los resultados de ese experimento fallido los tenemos a la vista: la emigración de los negocios legales del Centro Histórico, ausencia de gobierno municipal en sitios públicos, ilegalidades cotidianas en toda la línea comercial, etc. el destino de tanta piratería alimenta el narcotráfico según fuentes diplomáticas y muchos comercios internacionales reclaman el uso de sus patentes.
    De las soluciones posibles: 1 gobernar la ilegalidad, 2 recuperar aquellas calles que estrangulan a la ciudad desde su Centro Histórico, 3 Proponer una solución a los involucrados con visión nacional.
    Estos breves elementos no deben tener color político, puesto que usualmente cada acción en el Centro Histórico es anotada como evento pre-electoral, me parece que es tiempo de abandonar esa idea, para dar paso a los intereses nacionales, si bien no es posible un desalojo de un día para otro, buscar soluciones debe ser una propuesta de fuerzas políticas, sociales y empresariales, religiosas etc. ninguna nación permite dos gobiernos en su seno, ese es el elemento crucial, no pueden existir dos legalidades en un territorio de administración municipal y de la República, pero como el fenómeno no es nuevo, la solución debe ser escalonada y con metas posibles, para ello adoptar un plan de reordenamiento debe ser objetivo nacional.
    Si un plan nacional sobre el tema no es aceptado, los siguientes 30 años son predecibles en el Centro Histórico. El Centro Histórico en los siguientes años no tiene buen pronóstico, gobierne la alcaldía o el partido a la nación de cualquier bandera e intereses, lo preocupante es: ¿qué esperamos para comprender en profundidad ese fenómeno? El retorno a la legalidad no debe dejarse a las futuras generaciones, el daño puede ser irreversible.

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