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Identidad Salvadoreña

  • Identidad Imperial

    Identidad Imperial

    Caralvá

    Dos elementos fundamentales coinciden en la identidad de El Salvador: revolucionaria (comunista)-antimperialista y la otra: conservadora-anticomunista.
    Entre ambas existen muchas agrupaciones, entre ellas la Iglesia Católica que demostró su noble carácter para unos y para otros lo opuesto en los últimos 30 años.
    La identidad de estas dos tendencias evolucionó en las condiciones post-conflicto hacia posiciones políticas expresadas en formas legales, con cuotas de poder en el parlamento y en gobiernos locales.
    La identidad de las poblaciones mayoritarias al margen de estas dos tendencias, también se expresó durante el conflicto, la población no combatiente prefirió el exilio bajo la forma de refugio (económico, político, diplomático, voluntario.. etc) mostrando iniciales formas de desarraigo de su antigua nación.
    Existía en la condición de refugiado una subordinación en territorio extranjero: “yo soy refugiado-este es tu país” que podríamos traducir: “yo soy apatrida-esta es tu patria” o finalmente: “yo soy salvaje-tu eres la civilización”, puesto que la condición de desarraigo y exilio connota el despojo, intemperie, soledad de los ciudadanos, abandono.
    Bajo estas condiciones la Patria es de otros, la Patria es de los que se quedaron y tienen un proyecto (político, económico, social, cultural) para los “exiliados”, aquello comienza a ser un territorio que desintegra su pasado.
    La identidad de los revolucionarios (comunistas) y antiimperialistas, la realidad nacional confirma su razón de ser, muchos años de lucha social, son representantes de sectores que justifican su pobreza porque esta se debe (según ellos) al despojo del primer mundo y a la oligarquía.
    Para su polo opuesto (los conservadores-anticomunistas), su avance en posiciones de poder confirma sus tesis de su justa lucha, (según ellos) todo el mal parte del comunismo.
    Estos dos polos de identidad deben abandonarse, ya no significan nada para el futuro de la nación, lo único que generará es pobreza de gobernabilidad.
    Para la población excluida (20% de la población), en sus refugios económicos fuera del territorio (TPS, ilegalidad en Norteamérica o simplemente refugios territoriales), su exilio (una forma de derrota, exclusión, expulsión involuntaria) desde el momento de su salida comienzan a desconfiar de su futuro, de su identidad, podemos llamarla identidad en extinción. La identidad en extinción se inicia en una nueva nación (huésped), la nación donde han nacido sus hijos, aquellos que no conocieron la guerra, ellos poseen una identidad subconsciente de una nación lejana y una nueva identidad norteamericana (u otras) que nada tiene que ver con su pasado.
    Al final tenemos tres proyectos intuitivos de nación: el comunista, el anticomunista y el de exilio o disemi-nación globalizadora.
    Esta identidad imperial-globalizadora integra las metrópolis con el tercer mundo, los hijos de los refugiados no tienen identidad de arraigo, tienen identidad subconsciente de la patria lejana, las otras identidades, (revolucionaria y conservadora) terminarán en un híbrido de viabilidad hacia la democracia, amparados en el nuevo centro de gravedad de los emigrantes, aquellos que están cambiando nuestra realidad a pesar de no encontrarse físicamente presentes, es como si el espíritu de las remesas está con nosotros y nos anuncian las buenas nuevas, en una identidad imperial.