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después del g-20

  • Después del G-20

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    Caralvá

    En una conversación casual, algunos miembros de la mesa resaltaron la vecindad de la crisis norteamericana, defendieron su punto de vista, es necesario defender al sistema a toda costa, que si pensamos diferente: “todo se perderá”.
    Para los asalariados en general y para muchos que no lo son, el sistema no se comporta tan solidariamente con nosotros como para defender a ultranza sus principios, el sistema parece que lucha contra si mismo y en muchos aspectos contra los ciudadanos comunes y corrientes. Hablarle de: “pan al hambre” es lo mismo que pedir a un desempleado la defensa del sistema, ni pensar en pedir su voto en las siguientes elecciones. No enumeraré las enormes desigualdades sociales, el acceso a viviendas dignas, al agua potable, Educación, Salud que son conocidas hasta la saciedad, tanto que parecen la normalidad en nuestra nación.
    Después del G-20 se habla de “regulaciones para el sistema financiero” y “reformas al FMI y BM”, si las naciones capitalistas hablan de estos elementos, también deberíamos escuchar esos clamores para nuestros intereses, porque no somos una isla y con dolor muchos ciudadanos recordarán la mala administración financiera de FINSEPRO e INSEPRO, corrupción en instituciones públicas, evasión de impuestos, etc., porque a fin de cuentas “en todas partes se cuecen habas y en nuestra casa por toneladas”.
    La esencia de la defensa del sistema no es si regulan o no las finanzas, la esencia es un nuevo contrato social donde la ciudadanía y el Estado coincidan en la vigilancia de los “estados de cuentas” de los centros financieros, ese es el punto crucial del nuevo modelo, la vigilancia ciudadana junto a sus representantes estatales sobre el manejo “discrecional” del dinero de la ciudadanía, si esta condición no tiene regulación, ni control, ni coincidencia internacional el sistema no podrá garantizar su propia existencia y muy pronto veremos de nuevo los títulos Subprime F como activos en los mejores balances bancarios.
    Para los defensores del sistema a ultranza, para los que consideran que “Reformar” y “Controlar” es un signo de comunismo, habría que recordarles que estos esquemas no son productos de “rojillos delirantes”, sino de los más firmes baluartes del capitalismo internacional que ahora piden controlar la voracidad de los esquemas antes mencionados.
    La discusión es un capitalismo más humanizado, menos metálico, un capitalismo que considere nuestra realidad y no solo el aspecto depredador de la ganancia sin retornos sociales, los anuncios sobre despidos masivos en el mundo, tampoco pueden considerarse ajenos en la nación, a fin de cuentas la defensa del trabajo debería ser el mejor signo de unidad nacional.
    En estos tiempos difíciles, se exige audacia y solidaridad, reforma y participación ciudadana en la defensa del empleo, esta condición puede ser el mejor factor de unidad nacional en momentos que todo el mundo nos habla de desastres, despidos masivos y depresión económica.
    Después del G-20 las naciones pobres no han cambiado en nada, ni siquiera sus esperanzas por salir del subdesarrollo, pero es tiempo de considerar que el capitalismo puede humanizarse, puede incluir en su discurso la palabra solidaridad y por supuesto la regulación de un modelo generador de pobres y ciego ante la especulación financiera.