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  • La Post(re)unión: Sanborns

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    Caralvá

    Tomé el auto, con el pensamiento “clavado” en asistir al evento cultural de la presentación del libro: Poetas (por) El Salvador de María Poumier.
    El auto no podía correr a mayor velocidad que una aguja de reloj en “su” minuto, no más…
    A pesar de todo escuchar música es un escape al nirvana en nuestra condición globalizada, nos permite comparar una extraña melodía y otras, que aportan excusas a la difícil condición asalariada; pero la música tiene ese potencial de causar distorsión y evasión de nuestras calles.
    Ahí iba con mi autito japonés, con prisa pero con 50 vehículos antes que yo en la misma Alameda. Se llama Alameda Roosevelt y no veo ningún álamo, hay árboles pero en franca extinción ninguno de ellos: álamo. No obstante esos pequeños detalles, si puedo ver las peleas del carril con los “gentleman” que manejan los colectivos, lanzan sus unidades sin previa advertencia, con sus buses gigantes al lado de mi autito monoplaza, ¿quizás no me ven? pero aunque así fuera, igual… ellos con furia: “sobre el carril que desean y qué”.
    Armado solo de un silbato de boyscout mi auto responde la agresión, pero es en vano, el gigante enlatado parte la calle como rebanada de mantequilla. No veo ningún valiente que se oponga a la bestia humeante, al menos eso consuela, no soy el único que frena ante el anunciado destino de muchos que prefirieron osar avanzar unos cuantos centímetros al paso del armatoste.
    Pero desde luego con mucha paciencia, salimos por fin del tráfico, habían transcurrido casi 30 minutos para un trayecto que se puede hacer en 3 minutos en horas sin pico, porque ahora se llama: “Hora pico” al desastre del tráfico; pero sin pico me recuerda muchas cosas: pequeñas aves verdes, la edad de quienes han pasado el límite del mercado laboral, también el límite de soltería, si lo prefieren el costo de la gasolina en fracciones y las explicaciones al intentar pagar las deudas…
    Mi objetivo era llegar, en ocasiones la palabra “otorgada” vale demasiado, esa era mi condición ineludible en la IV Feria Internacional del libro y material didáctico..
    Previamente una llamada de Javier anunció la presentación del libro: Poetas (por) El Salvador de María Poumier en Metrocentro, refirió la “rotonda”, no tenía idea donde era, discutimos y me pareció que era un espacio circular en la 8ª. Etapa, ubicado a la entrada oriente del centro comercial. La cita era a las 6 de la tarde, exactamente la hora de mi salida de la oficina, hasta ahí todo bien, excepto que no se necesita ser profeta para anunciar una llegada tardía cuando coinciden horas y distancias muy dispares.
    Al dejar la alameda, tratar de encontrar estacionamiento parecía ser lo mismo que sacarse la lotería, era otra conspiración del tiempo; debí hacer 3 rotaciones en busca de un sitio, pero al final encontré uno, bastante lejano pero no tan lejos para incumplir con la palabra, ni modo, era el caso: la palabra versus la voluntad de asistir.
    Al llegar, el sitio no era donde pensé, ni por cerca la rotonda, la Feria de Libros estaba ubicada en un subnivel de aparcamiento techado, eso si, de metrocentro; me impresionó observar la disposición de la Feria en un estacionamiento de autos, pero acostumbrado a la intemperie de la poesía nacional, la Feria era simplemente el cielo en la tierra, al recorrerla pude ver como de las penumbras y la estantería metálica brotaban destellos de luz con autores luminosos, editoriales globales que jamás han publicado un autor nacional (aunque sospechosamente comienzan a revisar esa norma) y la maravillosa lección de las editoriales nacionales, con escritores a quienes podemos estrechar su mano y otros a quienes debemos agradecer haberse tomado el trabajo de anotar sus palabras como herencia de este pequeño país, pero al menos hay variedad de selección para todos los gustos, con esto de la globalización autores premiados con el Nobel conviven junto a modestos escritores noveles, no es cuestión de sonido de palabras, sino de realidades de estacionamientos.
    Encontré al final del aparcamiento, una mesa vacía y unas cuantas filas de sillas en disposición de auditorio, dispersos en coloquios mis amigos: Javier, Otoniel, Luis Chávez, Luis Melgar, Mario Noel y otros, pero la presentación del libro había finalizado. Observé que algunos tenían entre sus manos el libro, sentí un sentimiento de orfandad, no sabía quién los vendía, los regalaba o si eran muestras, conversé brevemente y la noche lluviosa invitaba a la tertulia, la propuesta fue aceptada y en el camino encontramos la Editorial Delgado, por fin pude tener el libro en mis manos.


    En Sanborns: tertulia de poetas en El Salvador.

    “Allá la zona de no fumar, ¿dónde esta la zona que permite reír?”: Otoniel Guevara

    “Siempre que te leo estás peleando”: Luis Chávez

    “Celebramos el mes de la patria”: Luis Melgar Brizuela

    “Ahora comemos en la misma pizzería destartalada ”: Javier Alas


    Así recorrimos frases de autores nacionales e internacionales, algunos infaltables, incluso unas fotos, que no eran en U Fleku (Praga).
    Compartimos: Pan (con ajo) y Vino, coronas, ligths y chocolates, en la zona familiar, muy lejos del bar… para fortuna de la poesía.
    La cuenta…es otro cuento.
    “Envejecer es aburguesarse” ….a lo mejor, en el fondo es el amor por la poesía la máxima unión de la palabra. Una mujer llamada María Poumier con Poetas por El Salvador nos convocó, en la insospechada conspiración. Teníamos en esa reunión al menos dos banderas: una del tiempo y la otra el amor por la poesía.
    Y recordé aquellas palabras de R.Dalton

    “cuando salimos no llovía más
    Mi madre me riñó por llegar tarde a casa”.
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    Video Poetas El Salvador: André Cruchaga, Luis Chávez, César A Ramírez A Caralvá



  • Marcel Marceau (…) El Salvador

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    Caralvá

    El teatro presidente en El Salvador, estaba completamente lleno.
    El público atento no ocultaba su ansiedad por “Bip”, el personaje vestido de marinero, con su cara pintada y sus movimientos expansivos que incluyen la sonoridad estruendosa de un mimo.
    Existe ese silencio sonoro, cuando las palabras sobran, incluyendo la música que tiene otra variedad de silencios que apenas distinguimos por la velocidad de los tonos o semitonos. En nuestro mundo de letras éste es un silencio: (…) pero no es el único, porque en cada palabra existe una referencia al silencio de cada vocal no impresa, su ausencia es otra cadencia, pero el lenguaje del silencio en Marcel Marceau era un dibujo de colores bajo su traje blanco, con esquemas geométricos que comunican sonidos en movimientos.
    En el escenario… Bip emerge, escuchamos su respiración, mientras observa al público con paso lento, camina mucho más despacio que cualquier mortal, sin prisa, poco a poco opta por una posición semi-encorvada, con sus manos juntas casi pegadas a su cuerpo, mientras, sigue el ritmo de manos, torso, piernas, en una cadencia de flexión frente a su pecho, que eleva poco a poco y su rostro sigue una esfera imaginaria sobre su cabeza.
    El movimiento descriptivo avanza ascendente, realiza una pequeña flexión y la oculta bajo sus brazos, pero al momento de su máxima extensión hacia atrás, se abren y recobran su naturalidad frente al auditorio, poco a poco imitan el aleteo de un ave, que levanta vuelo y evade la mirada. Se aleja…
    Bip ahora es una figura de niño que se distingue por sus pasos cortos y su radiante rostro ante el descubrimiento de figuras aladas, el pequeño camina por el mundo y nada es conocido, todo tiene un movimiento y está dotado de vida, incluso las rocas, las paredes, el campo, la luz, las pequeñas sombras, cuando crece aquella animación comienza a disminuir la intensidad y emerge un joven que desafía al mundo, que lucha por su identidad como muchos otros y canta, pero también se enamora, se transforma en un ser social, con el paso del tiempo, llega la vejez que obliga a un ritmo pálido con muros creados en la prisión cotidiana; el mundo se llena de límites para un hombre que los derribó desde su niñez, los muros obligan al paso lento, al cambio postural, al dolor del olvido y al abandono, aquél mimo con sus mensajes corporales envió el mensaje correcto lleno de emotividad y canto a la vida. El auditorio aplaude.
    Luego Bip con su traje de marinero, apareció con su viejo sombrero de copa y una delicada flor roja oscilante, esa pequeña flor anárquica no respeta movimiento, actúa sola, extendida de un raído sombrero de copa, su función distal acompaña otro pensamiento, pero en su extremo vital, canta con su fragilidad su propio poema.
    En otro cuadro, Marcel Marceau dentro de BIP, comenzó su sinfonía atonal, desplazándose contra el viento, bajo una ventisca que no solo es capaz de tirar su humanidad, sino que prueba su voluntad, se puede escuchar en su distancia el sonido de truenos y si pones atención relámpagos, entonces como buen marinero sabe guardar sus energías para soportar un huracán, sabe esperar la calma, bajo la calma de sus sueños, entonces para no oponer fuerza a la fuerza, observa como vigía de estrellas al mundo desde su unidad silenciosa. Entonces fiel a su voluntad, lucha contra el viento y éste le impulsa hacia atrás, la vista se confunde y Bip ejecuta esa “marcha contra el viento” que luego Michael Jackson tomaría como símbolo, el “moonwalk”.
    Aquella noche, Marcel Marceau visitó la ciudad, nosotros acompañamos su presentación desde la distancia, entre la multitud, en ocasiones es suficiente para comprender que el genio visible, no necesita palabras para comunicar todas las emociones del mundo, principalmente la alegría de vivir y compartir con nosotros su felicidad por el arte.
    Marcel Marceau (…) El Salvador I Aniversario.

    Adiós a la luz en primavera,
    El sonido del silencio en la ciudad
    Imagen transmisible con un solo movimiento
    La memoria acaricia el recuerdo.


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