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  • 1 de mayo 2009 El Salvador

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    Caralvá

     

    De las expresiones populares y las demandas sociales, las calles rebosaban con el colorido de años anteriores. Todo bajo la normalidad aparente de destrozar la propiedad privada, algunos autos de ciudadanos, manchar las paredes y proferir epítetos antológicos, nada nuevo, esa (a) normalidad de abusos de ciertos sectores que actúan en realidad como delincuentes y sin control de nadie. Pero si existió la diferencia con el presidente electo Mauricio Funes, dirigiendo un discurso a la concentración popular, acción de gran significado en los actuales momentos de crisis económica.

    Todo hubiese terminado en ese marco de expresiones públicas, de no suceder la irrupción de una columna de irresponsables en la Asamblea Legislativa que paralizó la actividad de ascenso y nombramiento de la nueva Junta Directiva.

    La lectura política de un acontecimiento de esa naturaleza es grave, porque fija un precedente en un acto oficial de la República,  además es un mal mensaje a las naciones democráticas, porque significa que esas fuerzas irregulares, pueden hacer su voluntad donde lo deseen.

    No se necesita mucha inteligencia para sospechar que una leve acción inconstitucional, puede ser la excusa perfecta para aquellos grupos que sueñan con el retorno del pasado,  haciendo realidad una nueva pesadilla en El Salvador.  Recordar que nuestra historia esta llena de excusa a favor de los Golpes Militares, es lo mismo que comer pupusas los fines de semana.

    Se debe fijar un límite a estos sectores que entusiasmados por el triunfo popular, creen que el Estado es parte de un Partido Político, se equivocan, porque el Estado no puede ser extensión, ni propiedad de un Partido Político, ese fue el gran error de la administración conservadora en estos 20 años, su accionar se confundía entre militantes y funcionarios de tal forma que la sola pertenencia política casi era sinónimo de privilegios discrecionales estatales.

    Si en realidad se desea construir una base sólida para los futuros  años se debe pensar en lo siguiente: El presidente debe ser un centro de consenso nacional, con tal autoridad que aglutine el poder de la República y construya la estabilidad social.  La institucionalidad de la República en todas sus expresiones debe funcionar, como ha sido el caso de la elección de la última Junta Directiva de la Asamblea Legislativa, al final fue una elección democrática en su interior.

    Los poderes políticos deben converger hacia el presidencialismo y un parlamento fuerte tal cual es ahora. La Asamblea Legislativa no debe entrar en colisión permanente con el Poder Ejecutivo, puesto que esta situación puede derivar en una parálisis política, que a nadie conviene en tiempos de crisis.

    Importante es la construcción de un pacto social con las fuerzas productivas, camino que conduce a la estabilidad social.

    El nuevo gobierno deberá enfrentar un enorme desafío: hacer compatible el bienestar social en tiempos de crisis. Para el nuevo Gobierno no habrá milagro seguro, solo las realidades institucionales y decisiones incluyentes con todos los sectores sociales.

     

     

     

     

     

  • La primavera salvadoreña, recuerda España (21)

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    Caralvá

     

    Día 20 (4 días antes del 10 de mayo)

     

    La verdadera vencedora de la esperanza no es la muerte, es la puerta cerrada a toda transfiguración posible.

    Puedes observar que las leyendas antes vivas y poderosas, chocan contra la muralla.

    También puedes ver resbalar en gotas gelatinosas la acerada imagen de héroes intocables.

    La puerta cerrada también sella los cuerpos uterinos que encierran poderosas semillas de vida, que no pasan más de su límite.

    Que manera de recorrer la Odisea con ingeniería a la inversa, que forma de ver las entrañas del universo con tu óptica humanizada que encarna a Ulises.

    Eres Ulises en las millones de historias que él no conoció en la puerta.

    Ya no tienes buenas costumbres ante la puerta cerrada, el insólito encuentro hace que olvides que debes alimentar tus esperanzas, solo el pequeño calor de tus humildes oraciones te protege, nada más.

    Dejas de tejer tus sueños, no más alfombras que emergen del sol y cuidan tus pasos, no hay más sueños.

    Tu cuerpo firme y enérgico, quizás demasiado valiente para desafiar al Internet, comienza a vomitar frases incoherente de alegrías imaginarias, tus vómitos se convierten en bolitas que puedes lanzar contra la puerta, bolitas que al estrellarse provocan destellos luminosos iridiscentes, pero la puerta no cede y tu cuerpo comienza a llenarse de arañas cibernéticas, tus ojos, tus manos, la extensión más rigurosa de tu olvidado rictus triunfal se convierte en un cable tecnológico y se cae tu red externa.

    Demasiado poder pleural de cibercafés tercermundistas, demasiado furor de legiones perdidas en el desierto que no recordaron tu nombre frente a la muralla, porque solo eras un punto remoto del universo… ahora quizás un link olvidado.

    La puerta te invade con su semblante frío, tiene en su mejor cielo, cables y más cables, gigantescos procesadores de datos, una auténtica prisión algorítmica.

    Oscuros senderos de transmisores, con tarjetas infalibles de tu voz, ahí estas, el camino se inicia en esa puerta, allá el sol, acá tu encendida pantalla de matemática binaria.

    Mi memoria recurre a los innombrables, bajo el canto de la felicidad más infantil y deseo pronunciar:   01, 001, 1001, 0101100… para iniciar mi secuencia de ignición frente a la puerta.

    Es primavera… en algún sitio alguien recordará.

    A falta de 4 días la puerta intenta sellar mi destino.

    ¿Qué historia puede ser esta? Con tanta amargura cibernética, tan virtual como el palpitar de una remota cantante inglesa que surge de un clic y conquista al mundo.. Susan Boyle.

    Acepto un clic a cambio de…

    Pero me niego a desistir, en algún lugar de la prisión cibernética debe existir una salida, la puerta  es solo la entrada.

    Creo que cantaré… un canto binario.

    Y mi voz debe abrir la puerta, para no convertirme en ceniza cibernética.

    La primavera salvadoreña (vota)