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La primavera salvadoreña, recuerda España 22

 

Caralvá

 

Día 21 (3 días antes del 10 de mayo)

 

Que tengo que contaros caros amigos y amigas entrañables.

Elucubrar sobre escribir que no sepáis y hacer el ridículo cual pequeño mensajero de bufón cabildero.

Podéis pedirme la métrica del norte o una brújula esencial para mi puerta calabozo, pero os pido un anuncio limosnero para una pequeña novela anodina, si, habéis acertado: La primavera salvadoreña. En mis viejos pueblos mediterráneos puedo pronunciar “salvadorian”, buen latin, buen satin, que ese  ritmo tintinero hace fácil el habla y seduce a los chicuelos.

He recorrido entre estos virtuales escenarios, largos caminos y sinuosos espejismos en la búsqueda de la esperanza, razón sin razón para vosotros, porque en esencia nos alienta más el amor que la ilusión y perdonad mis arrebatos, os hablo de corazón, el amor tiene distintos disfraces de las mejores excusas, pero no miente al dar la vida por la persona amada, no puede ser eterno porque solo el sol que nos calienta da muestras de serlo por muchas humanidades, sabedlo entonces, la persona que habla a nombre del amor, seguro que exilia el odio de sus pasos  y merece ser escritos hasta en sus malos pasos.

Es tiempo de caminar, a falta de pan y trabajo, 3 días pueden ser el elixir supremo de la mejor fantasía, como en los viejos tiempos.. ¿Qué os digo nobles caballero y mágicas princesas? viejos tiempos, los tiempos no son viejos, la imagen perdura, el cielo permanece, la fuerza se impone y la humildad prevalece, vosotros también permanecer en la templanza… es un valor del alma olvidado, como otros artilugios que consideráis obsoletos, vetustos, caducos o mejor rancios.. parece que os hablo de este día, os invito a caminar sobre este nuevo caballo virtual sin nombre, que un día debe poseer un nombre elegante y orgulloso, debéis pensar junto al mar de la ciudad, en un nuevo caballo con el alma más vieja del mundo: leal a su amo y tan valiente como vuestra palabra.

Ayer os dije que la puerta cerrada vencía la transfiguración posible, pero omití expresaros que en medio de mi cadalso cibernético, pequeñas luciérnagas invaden mis tejidos, la puerta continua con sus rocas grises,  invoco entonces a Gladius con su verbo en romanza, a Efesius de Alejandría dueño del dócil y estridente rigor latino,  por que vosotros debéis conocer que al final del destino tus mayores siempre están con sus mercedes, entonces la estéril puerta abre un pequeño resquicio.

Ahora podéis iniciar de nuevo vuestro camino, sin oscuros senderos de transmisores, transformados.

Es primavera… en algún sitio recordareis mis palabras.

Y si las olvidáis,  estáis perdonados, cantaré mi binario tono estival, a vuestra salud.

Como ayer, mi voz debe abrir la puerta, perdonad mi resistencia a convertirme en ceniza cibernética.

 

 

 

 

 

 

 

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