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27 de noviembre de 1980

  • In memorian: dirigentes FDR

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    Caralvá

     

     

     

    Aquél 27 de noviembre de 1980 hace 31 años la condición de la nación era sin precedente, campeaba la represión en escalas terribles, era un holocausto social donde la vida no valía nada.

     

    No obstante comprendíamos desde diversos sectores sociales que el deber era contribuir a la democracia, puesto que las acciones de participación ciudadana legales estaban agotadas.

     

    Era un momento de transición después del fallido golpe de estado de 1979, que terminó con la esperanzas de un cambio pacífico; el deterioro de esa iniciativa propició el ascenso de las fuerzas represivas que desataron una ola sangrienta contra los sectores populares.

     

    El fracaso de la primera junta de gobierno se debió a la incomprensión de los sectores de izquierda y derecha, que no comprendieron el alcance de la iniciativa de la Juventud Militar, aquél evento pudo cambiar el rumbo de la historia nacional.

     

    Aconteció que el 27 de noviembre de 1980: Manuel Franco, Enrique Álvarez Córdova, Juan Chacón, Humberto Mendoza, Enrique Escobar Barrera y Doroteo Hernández, fueron asesinados por escuadrones de la muerte...  aquellos dirigentes democráticos conformaban el inicial Frente Democrático Revolucionario,  pero su iniciativa ciudadana no significó nada para quienes ejercían la represión en todo nivel.

     

    Aquél evento cruel puede estar descrito por las palabras de Octavio Paz en su Elegía Interrumpida:

     

    Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
    El pensamiento disipado, el acto
    disipado, los nombres esparcidos
    (lagunas, zonas nulas, hoyos
    que escarba terca la memoria),
    la dispersión de los encuentros,
    el yo, su guiño abstracto, compartido
    siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
    el deseo y sus máscaras, la víbora
    enterrada, las lentas erosiones,
    la espera, el miedo, el acto
    y su reverso: en mí se obstinan,
    piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
    beber el agua que les fue negada.”

     

    La nación puede recordar, tiene derecho a recordar, “no olvidar” debe ser la bandera que cubra nuestros rostros las próximas décadas. De la misma forma debemos poseer un gran sentido memorial de aquella guerra civil que destruyó casi todo, menos la esperanza.

     

    Los acontecimientos posteriores son conocidos, pero llaman a reflexión sobre el peso de las decisiones históricas en estos momentos que podríamos tener decisiones parecidas, con escenarios dramáticos por ejemplo: entre la recesión económica y la continuidad democrática, el retorno al autoritarismo o la institucionalidad democrática, derechos individuales o seguridad social de poblaciones, etc. Debemos ser conscientes de las decisiones sobre el futuro nacional, el mejor indicador del rumbo debe ser el Estado Democrático,  con sus instituciones funcionando.

     

    www.cesarramirezcaralva.com