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21 reos asesinados en prisión

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Caralvá

La acción de estas bandas delincuenciales (dentro y fuera de la cárcel) solo tiene una tipificación exacta: terrorismo.
Los asesinos actuaron con premeditación, ventaja y una siniestra selección contra otros reos, aquella circunstancia es similar a una limpieza de guerra, aniquilar a todos los enemigos fue la consigna cumplida en esa matanza.
No debería extrañarnos, la historia reciente nos muestra otros asesinatos colectivos: un equipo de fútbol, familias completas, transportistas, escolares, niñas y niños, maestros, profesionales en general, una saga de dolor y muerte en el corazón de la sociedad salvadoreña.
La eliminación de reos por sus congéneres, hace que nos preguntemos: ¿qué error cometieron en prisión los asesinados? ¿Eran miembros de la inteligencia del Estado en prisión? ¿Colaboraban con la policía? ¿Es un ajuste de cuentas por el poder (narcoactividad)? ¿Todos habían aceptado reeducarse? etc… cualquiera que sea la respuesta, la evidencia es la existencia de una organización terrorista capaz de ejecutar selectivamente a quién considere su enemigo.
La variante de ajusticiamientos dentro de los centros penitenciarios, envía el mensaje de impunidad desde ese núcleo delincuencial, ellos son una organización que marca su nuevo territorio: las prisiones de El Salvador.
Este evento desagradable, no debe ser instrumentalizado, no debe ser politizado ni directa ni indirectamente, porque existen corifeos y epígonos que claman por la violencia, sus cantos de sirena solo evocan la dictadura, sin paz social y sin democracia.
Es inocultable el fracaso del sistema penitenciario, solo pensar en el tiempo para: derribar muros, seleccionar, ubicar y ejecutar a 21 reos, además la incapacidad para detener la matanza, hace prever que esto volverá a suceder.
La matanza de reos al interior de un reclusorio, también nos permite escuchar los llamados desesperados de jóvenes que aspiran a cambiar positivamente dentro de las leyes de la república, porque una oportunidad a los jóvenes para reeducarse es la gran meta ciudadana, pero junto a ellos escuchamos los bufidos del enemigo común, que escupe odio contra todo el sistema legal, su sed de sangre y el rastro de dolor que provoca llega a todo el planeta; sabemos perfectamente que este es un combate desigual, porque nuestra sociedad no tiene armas efectivas para defender sus principios, los ciudadanos con valores de hace 5 siglos no pueden combatir “legalmente” a los terroristas, organizados en maras.
Este acontecimiento rebasa la gestión gubernamental sobre la seguridad en los reclusorios, ya no es solo una cuestión de administración, es un peligro de Estado.
Un peligro de Estado, implica que la nación en su conjunto tiene el desafío de combatir por su propia existencia ante el enemigo público denominado: maras.
Pero ¿qué hacer? Primero: reconocer que este problema no es exclusivo de un partido político en el poder, sino del Estado, segundo: el tema no debe ser utilizado en el marketing político como campaña (sucia) del juego pre-electoral, porque el alcance no es de corto plazo, tercero: existe una gran oportunidad de crear alianzas sociales y construir la paz social, con reformas, pactos y co-gobiernos en áreas estratégicas.

http://www.diariocolatino.com/opiniones/detalles.asp?NewsID=3257

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