Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

honduras

  • Honduras y Paraguay: caducidad democrática y traición

    P1110798.JPG

     

     

    Caralvá

     

    Cuando un fenómeno es recurrente como el caso de Honduras el  28 de junio 2009, donde Roberto Micheletti sustituye a Manuel  Zelaya como mandatario interino, la comunidad internacional calificó la situación de golpe de Estado; hace unos días el 22 de junio de 2012 el Congreso de la República de Paraguay destituyó al Presidente Constitucional Fernando Lugo en un juicio relámpago de 5 horas, la comunidad internacional reacciona calificando dicho evento de igual forma: Golpe de Estado.  Este cambio no es el clásico evento del siglo pasado, sino una acción que implica varias fuerzas concurrentes, entre ellas la traición de un sector poderoso del mismo partido gobernante al negar su apoyo en el congreso a su dirigente y la confabulación con fuerzas opuestas al liderazgo del presidente constitucional. Algunos argumentos contra Manuel Zelaya fueron: “salvar a la patria”, “contener al comunismo internacional”, “ruptura constitucional”, “ilegalidades en el orden institucional” y rechazar todo argumento intelectual a favor de la continuidad democrática; esa retórica es muy similar a los argumentos de las oscuras fuerzas de Paraguay al afirmar algunos miembros del Congreso : “un mal desempeño de sus funciones” y con 39 votos a 4 (2 ausentes) se declaró culpable al presidente, procediendo a su destitución, puesto que se superaron los dos tercios de los votos tal como lo exige su Constitución, el resultado es el mismo, la democracia caduca ante una interpretación de la clase política que traiciona la continuidad de los procesos constitucionales. Una lectura inicial de estos fenómenos parecen indicar que la democracia no es para siempre en el siglo XXI, tampoco la delegación política y el apoyo a su liderazgo de cambio de los ciudadanos a un presidente, son acontecimientos inéditos pero ahora no parecen aislados, asemejan eventos cíclicos y focalizados, como réplicas de espejos diabólicos, de tal forma que no será extraño que sucedan en cualquier otra nación donde una interpretación (-i-legal) constitucional puede ser esgrimida para una destitución presidencial con una velocidad sorprendente, mandando al carajo el apoyo ciudadano hacia su mandatario, como en los viejos tiempos del autoritarismo. Si este es el destino de la democracia latinoamericana, nos aproximamos al fin de una era de teoría política, puesto que esos eventos demuestran que la democracia tiene caducidad por confabulación legal de la clase política, con un resultado desconcertante en: tiempo, gestión y liderazgo, parece que los períodos de delegación política ciudadana están destinados a terminar prematuramente. Resulta evidente que existe la traición de sus propios partidos al cambio impulsado por ambos presidentes y la prisa por su destitución, tampoco importa las consecuencias nacionales e internacionales.  La clásica pregunta de Alberto O. Hirschman: “Retóricas de la intransigencia”, dice: dentro de la democracia: ¿qué podemos hacer?: “cambiarla, perfeccionarla, destruirla, revolucionarla”…según los nuevos parámetros en Honduras y Paraguay la respuesta parece ser además: “caducarla y apropiarla” a gusto de la clase política. Nuestro país que parece caminar al borde del abismo con interpretaciones divergentes entre la Asamblea Legislativa y la Sala de lo Constitucional, se discute extrañamente un argumento parecido: continuidad o no del orden constitucional, la historia al menos tiene dos ejemplos recientes y sus resultados son la caducidad democrática y apropiación del período presidencial.

     

    www.cesarramirezcaralva.com

     

  • Solución Honduras: no ilegalidad golpista

     

    Caralvá

     

    Los golpistas pasaron por alto un principio elemental: la legalidad emana de los ciudadanos, en el caso de Honduras el presidente Manuel Zelaya no fue derrocado por los ciudadanos sino por grupo político-militar admirador de los golpes de estado del siglo pasado.

    Estos señores golpistas se equivocaron en su laboratorio político, consideraron que si la maniobra política no era califica de golpe militar entonces sería: “legal”, lo cual en poco tiempo demostró su grave error de cálculo, porque a pesar de su éxito “parcial” al enviar al presidente a un exilio forzado, la respuesta internacional ha sido de tal magnitud que probablemente retornarán derrotados a sus antiguas posiciones de conspiración y entregarán al presidente constitucional sus poderes legales.

    La solución al complejo escenario de Honduras, pasa al menos por dos momentos: I Desarticulación de la dictadura y II retorno a la democracia.

    El primer caso: desarticulación de la dictadura implica anular todo producto del gobierno de facto (decretos, nombramientos, ordenanzas, etc.), el retorno al escenario anterior al golpe de estado y reinstalo del gobierno legítimo;  el segundo elemento: reconocimiento al presidente constitucional implica la finalización de su período legítimo y la convocatoria a un nuevo proceso electoral.

    Existe una variante que no aparece definida en este complejo panorama, es el factor tiempo, este debería ser proporcional al calendario constitucional. Con el tiempo en contra la dictadura se debate en aceptar las propuestas de las naciones democráticas, cada día su posición de intransigencia deteriora la vida del pueblo hondureño, cada día su posición es más insostenible, su estrategia de ganar tiempo a cualquier costo ha sido puesta en evidencia, por tal razón las naciones democráticas han adelantado que el proceso electoral convocado por la dictadura no será reconocido.

    Es curioso el escenario de una dictadura que negocia su salida y un gobierno legítimo que lucha por su instalación en el poder, parece una ficción, pero en todo caso, el elemento fundamental es un precedente histórico para todos los aspirantes a dictadores: “las naciones democráticas, no reconocerán futuros gobierno golpista en el nuevo orden internacional”.

    Un factor desequilibrante es la Fuerza Armada Hondureña, recordemos que la historia de nuestros pueblos esta plagada de Generales con muy buenas intenciones para sus naciones, con el típico argumento de “restaurar el orden” pueden constituir otro gobierno y proclamar una nueva república desde sus cuarteles; en el presente caso han cumplido la misión de ejecutar el Golpe de Estado.

    El caso de Honduras, muestra la fragilidad de nuestras democracias, desnuda la cultura latente del golpe de estado, desenmascara los apoyos internacionales para el derrocamiento de gobiernos legítimos en América Latina;  muy buena lección para el resto del mundo, afortunadamente también identifica la solidaridad internacional con los pueblos oprimidos.

    www.cesarramirezcaralva.com

     

     

     

     

     

  • ¡Viva Honduras sin dictaduras!

     

    Caralvá

     

    De la mentira a la verdad, del Golpe Militar a la lucha por la instauración de la democracia, de la expulsión violenta por las fuerzas militares al retorno del presidente constitucional Manuel Zelaya;  esa parece ser la historia de estos meses en la República de Honduras.

    En juego se encuentra la democracia continental, en discusión la réplica neogolpista en el continente americano y entre otros criterios,  el caso: un grupo de poder rechaza por maquinaciones pseudolegales todos los argumentos de las naciones democráticas del mundo. Pero con el retorno del presidente constitucional y el inmediato apoyo de sectores democráticos, el régimen golpista se ve obligado a reprimir y declarar el toque de queda como medida desesperada para contener el avance de las fuerzas populares.

    Mientras en toda la línea de imagen internacional, en toda la línea diplomática, en todos los foros continentales, los golpistas hondureños palpan su fracaso puesto que son los únicos arquitectos de su desastre.

    Es importante señalar que la movilización internacional a favor de la restauración institucional en Honduras, no es por una persona, ni por un partido político, es por la democracia latinoamericana, que impondrá el precedente para cualquier otro aspirante a dictador en el continente americano.

    La naciente dictadura pretende forzar un proceso electoral ilícito, pero las naciones del mundo han adelantado que no reconocerán al producto de este acto, pero mientras se debaten en su “círculo interior”, la nación padece un autobloqueo comercial, donde los pobres son los que reciben el mayor impacto de esta crisis provocada por los golpistas hondureños.

    El llamado a la insurrección popular emerge del régimen de facto, puesto que los golpistas han violentado el orden constitucional, por ello las fuerzas populares son alentadas a combatir a los opresores; el estado de sitio no tiene resultados porque los ciudadanos pierden el temor y el toque de queda tampoco funciona porque el pueblo desborda la represión.

    Aún es tiempo de aceptar un proceso de salida honorable para ellos, aún tienen a su alcance la mediación propuesta por Costa Rica o un diálogo-negociación interno, donde fijen la fecha de su salida inmediata,  no tienen otra alternativa; en este punto coinciden las naciones en sus recientes declaraciones en la sede de las Naciones Unidas: Brasil, Chile, Argentina.

    Al menos con tanto rechazo mundial, los golpistas y todos sus secuaces nacionales e internacionales, deben entender que  el diálogo negocia la rendición de los neogolpistas, que es ineludible el retorno a la democracia en Honduras y que todos los planes para interrumpir la democracia continental serán un fracaso absoluto.

    ¡Viva Hondura sin dictaduras! resume la aspiración popular contra el golpe militar, este concepto une las aspiraciones democráticas latinoamericanas  y aquellos que se oponen,  son los nostálgicos de los dictadores del siglo pasado, afortunadamente han llegado tarde a la historia del siglo XXI.

    www.cesarramirezcaralva.com

     

     

  • Diálogo: rendición de los golpistas hondureños

    DSC00107.JPG

     

    Caralvá

     

    Los golpistas en la República de Honduras, no tienen futuro.

    Su única salida es deponer sus cargos y que la nación retorne al Estado Democrático.

    El reconocimiento de Manuel Zelaya como presidente constitucional de Honduras por diversos organismos internacionales, a pesar de haber sido expulsado por un golpe militar, marca el rotundo fracaso de una maniobra político-militar, que pretendía ser el ejemplo en América Latina contra el avance de la democracia en nuestros pueblos, porque la democracia todavía es subversiva y peligrosa para las personas nostálgicas de las dictaduras; no obstante el manotazo militar propicia su propia derrota, puesto que ni una sola nación del mundo justifica, ni la memoria de las dictaduras militares, ni la represión contra sus pueblos.

    Los golpistas en Honduras en su desesperación por aferrarse al poder recurren a la violencia, instauran el estado de sitio, suprimen los derechos ciudadanos, desinforman a la población, controlan a los opositores políticos, expulsan al primer ciudadano a punta de fusiles y este retrato es tan similar a los años de las dictaduras que nadie defiende ni cree en sus argumentos.

    El Golpe Militar en Honduras comienza a mostrar fisuras, en su desesperación de reconocimiento diplomático envía delegaciones al vacío porque nadie las recibe, ni en Estados Unidos, ni Europa, hasta la Interpol rechaza las misivas de captura internacional, bastante triste para sus aspiraciones de poder y legitimidad.

    Los diplomáticos “leales al golpe” pierden su imagen forjada durante décadas en embajadas del exterior, mientras otros son destituidos sin ninguna explicación; todo es posible en la dictadura hondureña.

    Los golpistas pretenden perpetuar el miedo en la población, pero su error político es  haber roto el “Contrato Social” entre gobernantes y gobernados, han provocado una situación “pre-insurreccional”, donde los gobernados no aceptan a los representantes golpistas amparados en maniobras pseudolegales y a pesar de la represión, la población pierde el temor a las armas golpistas…

    El fracaso del Golpe Militar es de tal magnitud que puede medirse en la suspensión de toda ayuda internacional, esta contabilidad son millones de dólares que dejan de fluir en diversos proyectos, pero esto solo es el principio, pronto el comercio internacional se verá afectado por la desastrosa “imagen de nación” proyectada al mundo, nadie desea ayudar a una naciente dictadura comprando los productos que pagan impuestos para un gobierno de facto, ni llegarán turistas, ni existirán nuevas inversiones, el mensaje al mundo es: en Honduras los fusiles deciden todo y la democracia debe pedir permiso al ejército, desafortunadamente los pobres terminan pagando la ausencia de la democracia, es el pueblo hondureño el que pagará el costo del fracaso de los golpistas, porque a ellos solo les interesa el poder.

    En Costa Rica el diálogo negocia la rendición de los golpistas y el retorno a la democracia en Honduras, de otra forma el gobierno de facto solo busca ganar tiempo para perpetrar sus funestos planes.  

     www.cesarramirezcaralva.com